Milton Barragán

Por Rodrigo Villacis Molina
Publicado originalmente en El Comercio, junio 22 de 1980.

Nos reunimos en La Galería, antes de la apertura de su exposición. Pudimos, entonces, conversar con Barragán sin interrupciones a la vista de sus figuras  hechas de hierro, que ha perdido su peso, que se ha hecho leve, ligero en las manos del artista: aurigas, gimnastas, minotauros, remeros, mulatas de caderas prepotentes. Y el movimiento, el movimiento capturado de esas mismas manos. Es el “E pur, si mouve” de Galileo, pero al revés.

  • Las manos del escultor son prodigiosa (le digo a Milton Barragán, el cabo de un largo silencio frente a una de sus obras.  El me muestra las suyas, con innumerables rastros de quemaduras).
  • Es cuestión de trabajo y, y en mi caso, de un trabajo con mucha impaciencia. Por eso  estas cicatrices: el hierro al rojo quema, pero uno se olvida a veces y entonces…
  • ¿Porque el hierro?
  • El hecho de trabajar con este material y con el fuego del soplete de acetileno y con la suelda eléctrica, responde a esa impaciencia que me estoy atribuyendo. Necesito ver resultados inmediatos y corregir cualquier falla al mismo tiempo que doy a forman mis ideas.
  • ¿No parte de un boceto?
  • Muy rara vez. Hay escultores que necesitan no de uno sino de muchos dibujos; a veces entregan los bocetos a un artesano que se encarga de hacer la cosa física. Cada cual tiene un método de trabajo, esta es la verdad. Yo hago todo yo mismo y parto por lo general directamente en la idea. Entonces, busco el material apropiado: tubo, lámina, varilla, desecho industrial, etc., según lo que tenga en mente.
  • ¿Trabajó siempre con esos materiales?
  • No. Al principio hice cerámica y llegué a manejar muy bien en torno a los barnices. Pero la cerámica exige un proceso lento y complicado, hay que esperar mucho para saber cómo ha quedado la cosa, y uno no sabe qué está pasando en el horno. Resolví que eso no es para mí, aunque me gusta.
  • Por otra parte, el resultado es frágil, y el artista aspira a una relativa durabilidad de su obra, creo.
  • No. Ese no es el punto, porque el hierro es víctima del óxido, aunque hay maneras de protegerlo un poco. Y piense, por otra parte, en la cerámica prehistórica, de hecho, la cerámica, con toda su fragilidad, guarda los testimonios más antiguos del hombre.
  • ¿Y antes de la cerámica, En su caso?
  • En mi caso, el dibujo, la pintura, especialmente la acuarela.
  • Nunca ha hecho una muestra con eso. ¿no lo considera suficientemente válido?
  • ¡Al contrario! Cuando examinó ahora lo que hacía antes, hace quince o  veinte años, hallo lo que explica mi trabajo actual; hay una perfecta relación de continuidad. Lo que pasa es que no se justificaría aún una retrospectiva.
  • ¿Qué edad tiene usted?
  • Cuarenta y cinco años. Nací a fines del año 34, en Huigra, provincia de Chimborazo.
  • Huigra, al pie de la Nariz del Diablo ¿no?  
  • Sí. Ahí instalaron los gringos del ferrocarril el campamento principal cuando lo construían, en los tiempos de Alfaro y ahí se quedaron las oficinas, en un pueblito que tuvo su relativo esplendor.
  • ¿Pero, cómo así en Huigra?
  • Ese era el centro de operaciones de mi padre, a la época de mi nacimiento. Él era maquinista. Vinimos a Quito cuando yo tenía cinco años. De tal manera que aquí hice la escuela, el colegio y la universidad, donde estudié arquitectura. Luego seguí cursos de planeamiento urbano en Francia, después fui a Italia y estudié urbanismo en Inglaterra, Holanda, Suecia y Dinamarca. En Europa conocí a la que habría de ser en mi esposa, que es neozelandesa y con quien tengo tres hijos: el primero ha comenzado a estudiar arquitectura y le gusta la música; la segunda se inclinó por las artes plásticas y está revelando bastante habilidad, y la tercera, tienen trece años, Estefanía, es actual campeona de gimnasia intercolegial: dos medallas de oro y dos de plata en los últimos juegos nacionales de Cuenca.
  • Estefanía es, entonces, quien inspiró sus gimnastas.
  • Si. desde luego.
  • ¿Y los demás motivos?
  • Me interesa mucho la figura humana, en general y la mitológica.
  • Su escultura ha sido relacionada con la Giacometti. ¿cree usted que hay razón?
  • ¡Compare usted mismo¡ yo busco el movimiento; vea usted como he recogido el caminar de las negras y la actitud del montubio remontando el río a fuerza de canalete. Y estos cuerpos en diálogo. hay una gran tensión en muchas de mis piezas; una sensación de movimiento, y a veces de vuelo, o al menos de que están actuando, como en el caso de mis “Cinco personajes en un escenario”.
  • Le inspira a ustedes lo dinámico, lo…
  • Cualquier impresión visual – póngamelo así – puede estimular en el escultor el proceso creativo; pero también las reminiscencias, las reservas del inconsciente. Hablar de lo que le inspira a un artista es muy…
  • En el caso de un arquitecto que ejerce, como usted, podría ser la necesidad de llenar en términos decorativos el espacio de una construcción ¿verdad?
  • ¡De ninguna manera¡ me he esforzado mucho por romper esa unidad entre el arquitecto y el escultor; porque la arquitectura está sometida a un sistema de cánones,  que limitan a la escultura, cuando está en ese contexto. Es necesario trazar una línea divisoria para que ésta no se someta a aquella, ni viceversa. Con lo cual no quiero decir que no haya que buscará una integración. Lo que digo es que hay que evitar una confusión. Por eso no quiero que se identifique al escultor Barragán con el arquitecto Barragán.
  • Y ¿Cómo le ha ido al arquitecto Barragán en su oficio?
  • No puedo dejarme; el municipio de Quito me ha concedido diez premios al ornato, ya sea por residencias privadas o edificios, en mis dieciocho años de ejercicio profesional.
  • ¿Alguna de sus obras recientes que más le satisface?
  • El Templo de la Dolorosa, el Colegio San Gabriel, aunque los dueños de la obra se permitieron introducir algunas alteraciones de las que no quisiera hablar.
  • ¿Quisiera hablar de lo que ha dicho Alfonzo Rumazo González? (El Comercio: 15-VI-80) sobre su proyecto a medio construir del Templo de la Patria, al que se refiere como “esa pega de cemento armado que se le ha aplicado al lugar de la Batalla de Pichincha”?
  • Hay personas que se erigen en críticos de todo: lo mismo de literatura que de arquitectura; de música y hasta de las costumbres de las gentes. Yo pienso, con todo respeto para el señor Rumazo, que en estas cosas es menester la especialización. Por otra parte, no estaría por demás en averiguar ciertos antecedentes: cuando a mí se me encargo el proyecto, ya se había lastimado el paisaje natural, con un gran corte en la montaña, hecho para construir una plataforma, donde estaba el obelisco y una cosa un poco dieciochesca, con almenas. Era necesario corregir eso y la solución que encontré fue construir una estructura abierta. Cuyas líneas siguieran la misma dirección de la montaña, para restituir la pendiente. El atalaya que se levantó es un hito visible desde todos los puntos de la urbe, que marca el lugar del templo; el cual, por otra parte, no es a una batalla, a un héroe, a un hecho determinado, sino a nuestra nacionalidad, enraizada miles de años atrás en la prehistoria. Se ha previsto también un gran mural que todavía no se sabe quién lo va a hacer, y unos amplios jardines como mirador de “Quito, la bella” que dice con acierto el mismo señor Rumazo…
  • Pero don Alfonso subrayar eso del “cemento armado”
  • El cemento es el material de nuestra época. ¡Dejémonos de cosas! Los más bellos monumentos de la arquitectura moderna y de las obras más importantes de la ingeniería moderna está construido de hormigón. El adobón, el ladrillo la piedra ya no…
  • Y ahora que ya han hablado escultor y arquitecto, ¿qué dice el político?
  • Soy político activo; no me sirvo del arte para hacer política. De tal manera que si hablamos de una línea divisoria entre arquitectura y escultura, yo he separado también la política del arte.
  • ¿No está abarcando mucho?
  • Yo no pretendo ser una estrella ni en arquitectura, ni en escultura ni en política, pero necesito expresarme de diferentes maneras, con todos esos lenguajes.
  • Si usted llegara por el camino de la política a una función pública, para la cual siempre habrá muchos aspirantes, perderíamos a uno de los escasos cultores que tiene Ecuador y el país haría un mal negocio.
  • No comparto su criterio, porque un artista que hace política tiene una visión especial de las cosas, que puede ser la que el país necesita. Si Leonardo da Vinci hubiese llegado a gobernar Italia, quise habría cambiado la historia.
  • No puedo imaginar a Leonardo metido en política; así como no me cabe la idea de Maquiavelo pintándo la Gioconda.  ¡Créame¡

Molina, R. V. (1988). Palabras cruzadas. Quito: Ediciones del Banco Central del Ecuador.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s