De máquina para habitar a una especie de Iphone.

Antes de la era de la industria, trabajar era una actividad relacionada a la casa y se desarrollaban alrededor de ella. Los oficios existían para resolver necesidades cotidianas. Cultivábamos los campos, construíamos mesas y sillas o confeccionábamos ropa. Desde las actividades más sociales hasta los actos más íntimos tenían lugar en relación a la casa.

Fue la modernidad bajo las lógicas del capital la que separó las actividades, segmentó las ciudades y sistematizó el día en razón de la productividad. Nos convencimos de que una oficina en el piso más alto de la ciudad es el marco del éxito, lejos de la familia, a horas de un buen plato de comida, con la ropa más elegantemente incomoda y con una especie de soga atada al cuello.

Con el cambio de los hábitos sobre la ciudad cambiamos también la casa, convertimos la vivienda en una máquina para habitar, una máquina para el futuro, y el futuro llegó y aquí estamos cuestionándonos la casa otra vez.

Estudio casa Dimaxión – Buckminster Fuller.

Con el mismo principio con que tomamos las máquinas: teléfono de disco, cámara de rollo, linterna y calculadora, y las metimos en un Smartphone, Hoy tomamos esa vieja máquina para habitar y la queremos transformar en una especie de Iphone.

Demandamos la misma versatilidad de nuestros teléfonos al espacio para habitar. Casa, taller, restaurante, gimnasio, cine y playa, todo en los mismos metros cuadrados.

La historia de las herramientas, la evolución de la tecnología, ha ido dando forma a nuestras casas. Hoy es el internet el cincel que esculpe el paradigma.

Debemos ser conscientes de que no todo el mundo puede hacerlo, las diferencias socioeconómicas no han sido salvadas. No todas las casas tienen las prestaciones para adaptarse, el acceso a internet no es universal y el déficit de viviendas se mantiene.

La búsqueda de la vivienda, el santo grial de la arquitectura, no termina.

Seguiremos dándole vueltas a la historia, formulando hipótesis y posibles soluciones, mientras seguimos acomodando y re-acomodando, el amor, la casa y los objetos.

Casa taller – Alberto Magnelli

	

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