Flexibilidad programática

La adaptabilidad y flexibilidad demandada a la vivienda, búsqueda teórico práctica inacabada en más de un siglo, ha puesto los ojos principalmente sobre la arquitectura nueva. ¿Qué pasa cuando tenemos que re-habitar el parque construido existente, la herencia programática de la modernidad?

Una pandemia ha puesto a las viviendas a prueba. Actividades como el trabajo, estudio y entretenimiento han tenido que ser desarrollados en espacios que no fueron pensados precisamente para eso. ¿Responden nuestras viviendas?

Si el habitar está en continua transformación, las viviendas deberían responder con la misma flexibilidad y permitir el progresivo cambio de uso de los espacios con el fin de posibilitar la adaptación de las diferentes necesidades y nuevos usos. La flexibilidad no debería estar solo en el habitante, sino exigirla al soporte de la habitabilidad.

Dicha flexibilidad responde al deseo de coexistencia entre funciones, lo opuesto a la función única  que se presentan en la vivienda moderna, que, hasta ahora, ha provocado una falta de acomodación entre la vivienda ofertada estandarizada y las necesidades cambiantes de los habitantes.

Re-habitar, nos invita a explorar los recursos existentes, resolver otro tipo de problemas relacionados con quien habita, entender las actividades para dar lugar a nuevas soluciones espaciales y entonces Transformar.

La intención de intervenir lo existente y volver flexible tanto la vivienda como los programas arquitectónicos impone adaptar las reglas relativas a licencias de edificación y las normas físicas. Las normas y condiciones mínimas que debe reunir una vivienda o un recinto para habitar deberían ser capaces de seguirle el ritmo a la transformación continua del habitar.

El mundo en constante trasformación, los Tiempos líquidos que nos atraviesan, exigen nuevas habilidades a quien piensa y hace arquitectura. Entender el recurso espacial en relación al habitante, y al diseño con el acompañamiento, en esta búsqueda de habitar, una búsqueda que no termina mientras diseñemos para la vida.

 “El espacio habitado debe ser generoso, confortable, apropiable, económico, fluido, flexible, luminosos, evolutivo, lujoso, al tiempo que debe permitir los usos más simples: comer, trabajar, descansar, aislarse, acoger y recibir  amigos, colgar ropa, tocar música, hacer bricolaje, aparcar la bicicleta, el coche o mirar cómo crecen las orquídeas.” (Anne Lacaton, 2017)

Anne Lacaton, J.-P. V. (2017). La ciudad desde la vivienda. En J.-P. V. Anne Lacaton, Actitud (pág. 99). Barcelona: Gustavo Gili.
Coll López, J. (2018). Determinación vs indeterminación en el espacio doméstico: los límites de la flexibilidad. RITA Revista Indexada de Textos Académicos.

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