El balón sobre el asfalto

EL BALÓN SOBRE EL ASFALTO

Han pasado 20 años de la llegada al barrio, nuestros padres construyeron sus casas alrededor de una calle en forma de cuchara, trajeron consigo el trabajo y las ganas de prosperidad al norte de la ciudad para que sus hijos crecieran en mejores condiciones, llegaron para construir un futuro.

Pero para que haya futuro debía haber presente. Un día todos los niños del barrio, amigos, hermanos, inquilinos, hijos de albañiles y vecinos jugamos fútbol sobre el asfalto. No encontraré palabras para describir un gol entre dos piedras alentado por un viento de vacaciones de verano que no volverán.

Crecimos en los 90, la década fue nuestra, la infancia era un balón después de terminar los deberes y la tarde con su ritmo nos vio crecer y cambiar la voz y la talla de zapatos. Dejamos el trompo por el súper Nintendo, y las congeladas por la guitarra para cantar a la vecina las primeras canciones de amor, los primeros poemas de rock. No hay foto que capture esa nostalgia.

El 2000 nos encontró rodeado de amigos, el carnaval nos sorprendió enamorados de los cuerpos mojados de las chicas en una adolescencia cargada de deseo, habían nacido los HPH y eso era más de lo que el barrio entero podía esperar. El tiempo nos había dejado tradiciones y ya teníamos mucho que recordar y cuidar, la calle era nuestra, nos aseguramos de escribir la marca en cada pared y defenderla de los extraños, los mayores nos señalaron y culparon, nos acusaron. La rebeldía nos enseñó a cuidarnos entre nosotros y a vivir a nuestra propia manera.

La universidad ocupo nuestro tiempo y el balón dejo de rodar en el asfalto, no se volvieron a romper ventanas y nadie escucho risas y cantos por las noches. Pero cada 31 de diciembre estábamos todos como soldados preparando el monigote de año viejo, los eucaliptos y voladores, los testamentos y las canciones para a las 12 de la noche darnos un ceremonial abrazo que de tanto repetirlo se volvió eterno.

Hoy esos niños se convirtieron en buenos tipos, unos muy buenos tipos, las niñas ahora son mujeres que guardan en sus ojos la luz de aquellos años y los hijos de mis amigos corren tras un balón como solo se puede correr en la calle H, libre y seguro de los que sus padres y abuelos construyeron, y bueno, es mejor que acorte la historia porque es domingo y hoy jugaremos fútbol sobre el asfalto, debo llevar el balón y se me hace tarde.

Quito, 18 de diciembre del 2011

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