Casa Camarote

Publicado originalmente en:
30-60 Cuaderno latinoamericano de
arquitectura, Córdoba – Argentina. 2017
ISBN 978-987-1385-64-5
Mira la publicación original aquí

El encuentro

 San Pedro de Taboada, 12 kilómetros al sur oeste de la ciudad de Quito. Es sábado por la tarde. El propietario hoy no trabaja y es aquí donde viene cada vez que puede hacerlo, aunque el día sea gris y haga frío como hoy, ha venido a ver el avance de su casa. Sebastián Calero Larrea dibuja unos esquemas, los escribe sobre la mesa de obra, sobre la explanada que conduce a la entrada. Trae sus marcadores a tinta y sus cuadernos, traza con gran esmero. Las líneas son precisas, el croquis elegante. Sebastián es el mentor de la Casa el Camarote y es quien lo guía en la construcción de su sueño.

Lentamente los trazos se detienen y todo vuelve a ser ruidoso como antes. El propietario se acerca a saludar a su primo, revisa los dibujos con atención. No es sino hasta dentro de un momento en que descubrimos que el propietario no solo juega el papel de cliente, sino que participa y aporta a la configuración de la obra.

El terreno de la Abuela está ubicado en el medio de Los Andes. Ella lo había comprado hace muchos años pensando en el futuro de sus hijos, en una época en que los campos de maíz estaban lejos de ser urbanos y donde Sebastián, que hoy construye la casa, lo visitaba en su infancia, guardando en la retina las texturas de una cabaña en medio del paisaje serrano que poco a poco es absorbido por la gran ciudad. Ahora la cabaña se ha trasformado y el terreno familiar se muestra íntimo y seguro, brindando una calidad de vida diferente a la que ofrece la ciudad.

 

El encargo

La historia de la Casa el Camarote, es un ejemplo de cómo se resuelve la necesidad de encontrar soluciones para el estado de crisis en la concreción de vivienda de muchas familias. No solo por el modelo económico en el que opera, si no, y por sobre todo, por la concreción de una arquitectura que se construye a partir del sujeto que la habita y los resultados que se obtiene como fruto de este proceso.

El reto es lograr una vivienda de bajo costo, con un programa determinado, en tiempos reducidos. Una vivienda que tenga la capacidad de crecer en el tiempo. Sebastián proporciona su experiencia al proyecto e inicia la búsqueda espacial en la que debe resolver: condiciones del terreno, materiales, programa y mano de obra. Elementos que al parecer se muestran complejos pero se transforman en aliados para conseguir lo que ahora vemos como resultado.

Articular los espacios, definir materiales.

Para empezar, una losa rectangular se funde como plataforma de la casa, esta se levanta del suelo unos centímetros para así evitar el contacto con la humedad que vemos ha dado problemas a las viviendas aledañas. Sobre esta, una segunda losa estructura los espacios de servicio. A partir de esta simple geometría inicia el juego de volúmenes interiores. Al ingresar, el visitante experimenta las texturas de los materiales en el piso y las paredes, las diferencias de nivel en las estancias, la transparencia casi sensual de las diferentes intimidades. Pero por sobre todo, la sinceridad y transparencia del habitar, de la cotidianidad de una vivienda que con el paso del tiempo pierde la línea del límite que divide lo proyectado de lo construido porque muchas de las soluciones se dieron en obra y se siguen incorporando según las nuevas necesidades. El propósito es construir, no proyectar. (Radic, 2017)

El interior de la casa se lee único, son los diferentes desniveles los que ordenan los espacios. Dos pasarelas longitudinales interiores y otra exterior van cociendo las capsulas, cabinas o camarotes. Pequeños volúmenes de intimidad que invitan al recogimiento, y a la vez con la capacidad de abrirse a la nave principal para dialogar con todos los rincones.

Paneles corredizos ya sean de vidrio o de madera articulan las estancias, detrás de estos están los baños, los dormitorios o lo patios, transforman las ventanas en balcones, amplían la cocina y aíslan los camarotes.

Para conseguir articular el engranaje, un complejo sistema de pernos tensores entra en acción. El recubrimiento de madera, vidrio, ladrillo o metal se acopla a la estructura de hormigón y madera mediante pernos que en su extensión cumplen el papel de pasamanos, gradas, marcos, percheros, picaportes. No sabemos dónde termina la arquitectura y empieza el mobiliario. La descontextualización de los elementos constituye el lenguaje de la casa. En gran parte este éxito se debe a la habilidad de las manos de los obreros que han sabido desaprender los métodos tradicionales de construcción para generar con sus manos los nuevos artilugios.

Una casa en continua construcción

Cuando uno se da cuenta que el dinero se acaba y que el sueño es demasiado grande para ser completado, no queda más que dos soluciones: dejar de soñar, o continuar hasta el final. (Stainer, 2014 (1974))

La construcción no ha terminado, incluso ahora que la casa está habitada. Arquitecto y cliente consideraron la limitación económica como una fortaleza y no como un problema. Sebastián acompaña el proceso de las nuevas incorporaciones cada vez que el propietario lo requiere. Se trata de una casa en constante evolución que tiene la posibilidad de adaptarse a las nuevas demandas de los habitantes.

El quehacer de la arquitectura se limita a crear el soporte para habitar, escapa de su campo de trabajo el habitante – el sujeto. Escapa de su alcance los cursos que tome en el tiempo el destino de estos. Es por eso que, proyectos de estas caracteristicas generan una mejor respuesta para aquella otra mitad de la ecuación del habitar que nadie controla. El sujeto.

Para conseguirlo hemos de entender que habitamos además en el tiempo, por lo que habitar es un estado en continua transformación. Todos los días aprendemos a habitar, nuestras nuevas experiencias nos modifican, nos alteran, nos transforman y exigimos de los espacios nuevas prestaciones. Entonces el habitar autentico es una búsqueda constante nunca satisfecha. (Adrián, 2015)

Este es el aporte de la Casa el Camarote, en tiempos en los que la cultura arquitectónica habla sobre la necesidad de una mejor relación con los usuarios, la humanización de los edificios, y somos críticos ante las ideas de estandarización y los moldes. Volvemos los ojos a quienes ya venían trabajando de esta manera, pero cuyo valor era ignorado por el discurso del mercado.

No podemos decir que se trata de una única alternativa, pero si una de las más prácticas, la del sentido común.  Alternativa que requiere superar ciertos temores ante una apuesta sobre un producto en experimento, pero que va ganando garantías con trabajos como los de Sebastián Calero Larrea.

 

Bibliografía

Adrián, J. (2015). Habitar el desarraigo. En M. Heidegger, Construir Habitar Pensar.

Radic, S. (11 de marzo de 2017). El arquitecto que admiran los arquitectos. (P. D. Paz, Entrevistador)

Stainer, M. (2014 (1974)). El patio secreto, llamado del Arcano. En H. Pratt, Corto Maltés en Siberia (págs. 5-28). Barcelona: Norma.

 

 

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